jueves, 29 de enero de 2015

Cómo sobrevivir en el campo (parte I)

Seguro que partir de ahora dedicaré varios post a mis andanzas rurales, así que os sitúo. Mambry es un pueblo muy pequeñito. Wikipedia dice que tiene 97 habitantes; yo en el año que llevamos aquí no he visto tantos ni en la procesión de la Virgen, y eso que es en mayo y hace calorcito. Por supuesto que gallos, ovejas, perros pastores, arañas y demás bichos sí los hay, y a patadas.

Por eso vivir en esta casona es muy distinto a cuando vivía en mi apartamentito alquilado en Villa de Prado (nueva urbanización de Valladolid). Para Príncipe, el colmo de lo impersonal. Para mí, el paraíso de la calefacción central, el agua caliente a go-gó, el súper a dos pasos y varios enchufes por habitación.

Entenderéis ahora que a fuerza de desventuras estoy aprendiendo un montón de cosas:

1) El campo no tiene farolas. Si vas a pasear o a correr, prográmate porque cuando se hace de noche, se hace de noche. O sea que no se ve. Nada.


2) Mi relación amor-odio con la bombona de butano. Yo creía que estos trastos eran reliquias del siglo pasado, pues no. Aquí es la única manera de tener un hilillo de agua caliente (la quiero), pero siempre se acaba cuando reúno el valor de lavarme el pelo cada tres o cuatro semanas (la odio con todas mis fuerzas). Me creáis o no, ayer mismo me pasó, creo que fue su venganza por preparar un post contra ella. De ahí la expresividad del dibu:


3) Y relacionado con el punto 2), se ve hay una ecuación entre la altitud a la que está el depósito de agua del pueblo y la altitud a la que está tu casa para saber a qué presión sale el agua del grifo. Con tan mala suerte que en nuestro caso, imagináos, el resultado de la X es cero bares.

Me ahorraré el tema "Precauciones de uso del wáter" porque no me parece de buen gusto. Y además no quiero convertir esto en una retahíla de miserias, cuando en realidad vivir aquí tiene muchísimas ventajas. Como por ejemplo que las estrellas se ven fenomenal.


Entre otras, supongo.
Muchos besos a todos y si alguien no me cree le invito a una vuelta de comprobación y a un vinito después!

Patri, este post va por tí!! (amiga que hizo el camino inverso del campo a la ciudad y ahora está muy feliz de vivir en un pseudo-Villa de Prado).

martes, 13 de enero de 2015

#Je suis Charlie

Siempre que estoy con Príncipe en Burdeos vamos Mollat, enorme librería con millones y millones de libros. Y siempre salimos con unos cuantos, de los cuales dos o tres suelen ser clásicos franceses,  un tostón de leer pero queda guay tenerlos en tu estantería.

Estas navidades fuimos con unos amigos. Y después de una hora allí, con los brazos cargados de Balzac, Maupassant, Rabelais y premios Nobel, le dije a Príncipe: "Julien ha cogido un cuento para Camille, un livre de cul* para él y se aburren; deja de hacerte el cultureta, pagamos y nos vamos a comer". Y nos reímos muchísimo, porque sabe que me encanta la expresión "livre de cul" ( =libro de culo = libro/revista/cómic porno).

Todo esto para contados el libro en cuestión era "Le Village de Femmes", que su autor era Wolinski, que yo no lo conocía de nada pero Julien es súper fan de sus viñetas, y que dicho autor murió tres días más tarde junto a otros compañeros en el atentado a la revista Charlie Hebdo.


Los asesinaron por reirse de las religiones y nacionalismos mal entendidos y por ridiculizar a los ignorantes que matan en nombre de tales ideas. Y también por no ceder a las repetidas amenazas y  ataques que sufrían desde hacía tiempo y por seguir convencidos de que cada uno puede expresarse libremente y satirizar lo que le dé la gana. En mi opinión, unos valientes.

Desde este pueblito perdido, mi pequeña contribución a la memoria de estos dibujantes y a la del resto de víctimas de tantas ideas extremistas que llevan al odio y al terror.



(Disculpadnos los kilos de más, no pensábamos tener que salir en la foto en pleno enero, y menos por culpa de estos enfermos).